Desde la desembocadura del Deva, por el Oeste, hasta la pequeña ría de Ontón, al extremo Oriente, la costa cantábrica ofrece un bello espectáculo de mar y montaña, fauna y flora, villas, puertos y actividades humanas sobre un escenario cuyo desarrollo lineal es de 174 Km. Pero que, medido con todos sus entrantes y salientes, llega al millar.
De línea relativamente movida, abundan los acantilados, entre los que se abren numerosas playas, más de 60, pero cuyos máximos accidentes geográficos son las 2 espléndidas bahías de Santoña y Santander, esta última, sin igual en todo el litoral norte de España.
La Cordillera Cantábrica domina y determina toda la carta, ascendiendo de Este a Oeste hasta alcanzar alturas superiores a los 2.500 metros en el majestuoso macizo de los Picos de Europa, cuyas cumbres nevadas son lo primero que se divisa de la montaña, de ahí ambos topónimos, llegando por mar a Cantabria.
Recorrer Cantabria y contemplar sus variados paisajes, sus distintas tonalidades de verde e debe en gran medida a su climatología. En Cantabria llueve lo suficiente para mantener todos los recursos naturales y paisajísticos en perfectas condiciones para nuestro cliente. Cuando llueve en Cantabria existen multitud de recursos para ser utilizados por los visitantes, como es la gastronomía. En las distintas zonas de la región se pueden degustar platos típicos, como el cocido lebaniego, el famoso cocido montañés, pescados, mariscos; y en repostería, quesadas. Sobaos, etc.
Gran importancia tiene en Cantabria los quesos. Tres gozan hoy en
día del más alto reconocimiento de su calidad. La denominación
de origen protegida, son: Queso de Cantabria, Queso picón Bejes-Tresviso
y Quesucos de Liébana